Una noche de apuestas desenfrenadas, Toño ya había perdido su casa, su carro y hasta su dignidad. Lo último que le quedaba por apostar era su ardiente esposa Lele. Confiado, hizo la apuesta... y volvió a perder. Lele, lejos de enojarse, se levantó con una sonrisa y tomó el brazo del ganador. «Lo siento cariño, una apuesta es una apuesta», susurró mientras se alejaban. Fue follada duro por el afortunado ganador de la noche....
Lele Mantilla
02/03/2025